Descubre tu poder interior

CÓMO VIVIR MÁS TRANQUILO

Hoy en día vivimos en una sociedad que demanda rapidez, es como si todo debe ser prácticamente instantaneo. Comenzando desde las comidas rápidas, bajar de peso en una semana, responder a los miles de mensajes inmediatamente, ordenar algo por internet y pedir que se nos entregue hoy mismo, todo debe sera ahora mismo. En cierta forma es como si ya no fuésemos capaces de esperar. 

 

NECESITAMOS ENTRAR EN MÁS TRANQUILIDAD

 

La importancia de entrar en tranquilidad es crucial. Necesitamos entrar en un ritmo que vaya acorde con el de la vida misma, de lo contrario nos salimos del equilibrio. Escucha mi Podcast:

 

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Es un juego en la búsqueda por más, por algo que realmente nos llene de satisfacción. Como niños caprichosos aquello que queremos lo debemos tener ahora, para sentirnos satisfechos. Luego, lo recibimos, lo tenemos por un tiempo, lo soltamos y queremos algo más, algo nuevo que satisfaga esa necesidad nuevamente. Y así vamos en esa carrera sin parar. 

 

No es coincidencia que se sufra de ansiedad hoy en día. No es coincidencia que terminemos en un desgaste laboral o que la vida nos fuerce a salir de esta carrera sin fin. 

 

 

LA PREGUNTA ES, PARA DÓNDE VAMOS CON TANTA PRISA?

 

Muchas veces siento que vamos como aquellos ratoncitos que se ponen en jaulas en esas ruedas y ellos se suben allí y corren y corren hasta más no poder. Luego exhaustos caen al suelo de su jaula sin darse cuenta que aún están en el mismo lugar que donde comenzaron su carrera. 

 

Y es que así nos suele suceder. Queremos todo ya, y asi mismo nos obligamos a hacer todo ya. Corremos a ver si derepente el mañana se vuelve hoy, lo cual no va a suceder.

 

Y en esa carrera por llegar al mañana, nos cansamos, nos fatigamos y nos perdemos del hoy. Y mañana nos perderemos de sus momentos por querer emprender la carrera hacia una nueva meta, sueños y demás. 

Entonces para donde vas corriendo con tanta prisa?

 

APRENDIENDO DE LOS MONJES...

Ajahn Brahm, un monje Budista, decia en una de sus charlas, que la gente creia que al avanzar en sus sueños se ivan a liberar de sus problemas. Lo cual, desde su punto de vista, no era verdad pues la solución esta adentro y no afuera.

 

Ajahn decía, que cuando era un monje novicio tenia muchos problemas de monje novicio. El adaptarse, el aprender a meditar, conservar la postura correcta, dejar el mundo a un lado, extrañar a su familia, etc. El sentia que ya queria ser un gran monje para estar tranquilo.

 

Ahora, que el es un gran monje, dice ahora tengo tambien problemas, los problemas de un gran monje. Dirigir un centro de meditación muy grande, que los edificios se mantengan, que los visitantes estén a gusto. Los problemas no terminaron, solo cambiaron de color. Sin embargo, lo que para él si cambio, fué a traves de su crecimiento espiritual, su percepción ante este mundo siempre cambiante. 

 

SUELTA EL PIE DEL ACELERADOR...

Hay que soltar el pie del acelerador. Te haz dado cuenta que cuando viajas a toda velocidad en un coche no puedes ver el paisaje? Todo se vuelve borroso, se pierde su nitidez. Te perdiste de las montanas, de los rios que cruzaste por el camino.

 

Así mismo es cuando vas a toda velocidad en tu vida. Corres y corres y haces y haces y luego ves que ni lo disfrutaste ni lo viviste a plenitud. Ghandi decia hay mas en la vida que aumentar la velocidad. 

 

Suelta el pie del acelerador. Disfruta de este momento que nunca más volvera. Disfruta de tus alimentos, de los pasos que dan tus pies al caminar, de todo lo que tus manos tocan, de lo que tus ojos observan, de los aromas en el aire. Haz cada actividad como si fuese lo unico que existiese en este momento prestandole toda tu atencion, amor y cuidados.

 

Cuando te entregas al momento presente una nueva cualidad emerge de muy adentro y todo toma valor. Todo lo que hagas será de excelente calidad y avanzarás más rápido que cuando corrias. Vivirás mas tranquilo y la verdad, es que realmente viviras. 

 

UN CUENTO PARA IR MÁS DESPACIO...

 

En un pequeño pueblo al lado del mar, vivía un hombre en una cabaña. Una mañana decidió ir a recolectar cocos. Así que se levantó temprano, cogió su caballo y se fue al lado de la playa, donde había muchas palmeras.

 

Cuando llegó, vio que había tenido mucha suerte porque las palmeras estaban llenas de cocos. Con algunas dificultades subió a la que tenía más cerca y fue cogiendo los cocos que había en la copa. Cuando acabó con ésta, hizo lo mismo con la segunda palmera. Y así siguió hasta que tuvo una montaña muy grande de cocos.

 

El hombre estaba muy contento porqué había conseguido muchos cocos. Los fue colocando sobre su montura, pero había tantos que casi no cabían y el pobre animal iba muy cargado.

 

Empezó a caminar hacia el pueblo, pero como no estaba muy seguro del camino que había tomado, decidió preguntar a un chico con el que se cruzó:
- Oye chico, ¿te puedo hacer una pregunta?- El joven, que parecía muy despierto, se paró y le contestó con una sonrisa:
- Claro.
- ¿Sabes cuánto tiempo tardaré en llegar al pueblo por este camino?
El chico miró al hombre y después a su caballo. Y tras pensar un momento respondió:
- Si vas lento, llegarás muy temprano. Pero si vas rápido, tardarás todo el día.
Y sin decir nada más siguió su camino.

 

El hombre se quedó muy extrañado con esa respuesta y no le creyó. Por eso decidió espolear a su caballo para ir más deprisa. Pero al cabo de pocos metros tuvo que parar. Con las prisas, los cocos que sobresalían le habían caído. Así que amarró al caballo y volvió a colocar los cocos en su sitio.

 

Para recuperar el tiempo que había perdido, hizo que el caballo todavía fuese más rápido. Pero los cocos volvieron a caer, aún más deprisa que antes. Y así siguió una y otra vez todo el camino. Recogía los cocos, hacía ir más deprisa al caballo y volvían a caerse. Por eso, cuando llegó al pueblo ya era de noche.


Ya en su casa se lamentó de lo que le había costado volver y dió la razón al chico con el que se había cruzado. Si no hubiese ido con tantas prisas, los cocos no se le habrían caído y hubiese llegado mucho antes a su hogar.

 

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