Freddy: ser coach espiritual es ser un embajador de lo divino en lo cotidiano
- 27 abr
- 7 min de lectura
Actualizado: 4 jun
Lo espiritual no vive solo en los retiros, en las meditaciones profundas ni en los momentos de silencio sagrado. Se vive también en cómo saludas al vecino, en cómo le hablas al conductor del bus, en esa conversación inesperada con un mesero que de alguna manera lo cambia todo.
Esa es la visión de Freddy — profesor de yoga, terapeuta de sonido, practicante de reiki y masaje tailandés — que llegó a la Certificación como Coach Espiritual desde Indonesia buscando exactamente eso: un marco que integrara todo su camino espiritual y lo anclara en la vida real, en lo práctico, en lo cotidiano.
Hoy Freddy es graduado de la Certificación como Coach Espiritual y en esta conversación comparte una de las reflexiones más profundas que ha dejado este programa: que ser coach espiritual es ser un embajador de lo divino — no en los templos, sino en cada momento del día.
Por qué un facilitador espiritual con años de experiencia decide certificarse como coach espiritual
Freddy no llegó a la Certificación como Coach Espiritual desde cero. Llegó desde un camino ya recorrido — años enseñando yoga, practicando sonidoterapia, reiki y masaje tailandés, acompañando a personas en procesos profundos.
Y fue precisamente en ese trabajo y su excelente trayectoria donde notó algo: al final de cada sesión, las conversaciones siempre se volvían profundas. Reales. Humanas. Las personas hablaban de su vida, de lo que estaban viviendo, de lo que necesitaban cambiar.
Me di cuenta de que en cada sesión terminábamos hablando de temas profundos, muy reales, muy humanos. Y ahí fue donde la inquietud me salió: anclar todas estas prácticas y decirle a la gente que lo espiritual se vive cada día. Es práctico. Es como abrazas a la gente, como le hablas al vecino, a quien sea.
Buscó una formación que integrara todo eso. Encontró la Certificación como Coach Espiritual de Diana Fernández. Y algo en él dijo: aquí es lo siguiente.
Volver al espacio de estudiante: lo que aporta la formación holística cuando ya eres facilitador
Uno de los retos más interesantes para Freddy fue precisamente ese: volver a ser estudiante después de años siendo él quien guía a otros. Reconocer que la práctica interna se había ido convirtiendo en enseñanza — y que necesitaba volver a ese espacio de recibir.
Algunas veces nos olvidamos de la práctica interna cuando estamos en el día a día del facilitador. Entrar una vez más en el espacio de estudiante fue muy enriquecedor. Preparaba mi altar, ponía mi candela y cada noche era como, okay, vamos a entrar. Se sentía tan enriquecedor estar otra vez en ese espacio — pero ahora en algo que sientes como un llamado del alma.
Esa es una de las cosas que hace especial la Certificación como Coach Espiritual para quienes ya tienen un camino recorrido: no te hace empezar de cero. Te invita a profundizar desde donde estás — y a redescubrir con nuevos ojos lo que ya llevas integrado.
Coaching espiritual y presencia: cuando todas las prácticas convergen en un solo punto
Para Freddy, el módulo de la presencia y el aquí y el ahora no fue algo nuevo. Fue algo que reconoció de inmediato — porque toda su práctica espiritual, desde el yoga hasta el reiki, se basa en exactamente eso.
Lo sentí muy natural. ¿Por qué? Porque todas las prácticas se basan en la presencia. Cuando realmente estamos presentes, estamos tocando con esta parte nuestra que es centro, que es alma, que es espíritu — y no estamos navegando en la mente que trae tanto contenido, bagajes, egos, situaciones.
La presencia no como concepto sino como práctica viva. Como el punto de convergencia donde todo lo que uno ha aprendido deja de ser teoría y se convierte en una manera de estar.
El reto más real de la formación como coach espiritual: la constancia y la compasión con uno mismo
Freddy es honesto sobre lo que más le costó durante la Certificación. No fue el contenido ni la profundidad de los módulos. Fue la constancia — encontrar el equilibrio entre el compromiso y la compasión con su propio proceso.
Toda la Maestría de Vida para mí fue una enseñanza de cómo vivirla. Literalmente estaba presente conmigo todos los días y me enseñaba a ser compasivo, a estar en el presente, y a la misma vez a decir: hoy necesito mi descanso, mañana haré mis activaciones. Me encantaba sentir que lo podía hacer. Que tomaba ese tiempo y lo hacía.
La mayor enseñanza de la Certificación para Freddy fue esa: ser compasivo y disciplinado a la vez. No forzar el proceso, pero tampoco evitarlo. Honrar el camino sin abandonarlo.
El módulo 10 y la visualización que lo cambió todo
De todos los momentos del programa, hay uno que Freddy recuerda con una claridad especial. El módulo 10 — la meditación de visualización donde se escribe todo ya hecho, todo lo que se quiere vivir, desde un espacio de presencia total.
Tuve una visualización tan viva que no sé, como una emoción tan abierta que me hizo llorar. Se sentía como que estaba entendiendo cómo funciona — a través de mis palabras, mis afirmaciones, hablar en el presente y sentirme acompañado por la presencia divina. El tiempo y el espacio no existían. Y cuando regresé a este cuerpo, solo tenía una sensación de tanta confianza y tanta tranquilidad. Ya no se sentía como que tenía que conseguirlo. Ya se sentía hecho.
Eso es exactamente lo que busca el módulo 10 de la Certificación: anclar en el cuerpo y en el alma una visión tan real que deje de sentirse como un deseo y empiece a sentirse como una certeza.
De facilitador a coach espiritual: el click de verse desde el otro lado
Cuando Freddy pasó a la segunda etapa de la Certificación — la parte dedicada a las habilidades del coach espiritual — algo se activó de manera natural. Había vivido el proceso desde adentro. Ahora podía verlo con otros ojos.
Fue una etapa de reconocimiento. Como un arqueólogo sacando piezas que ya están enterradas ahí, pero que sabes que están. Mientras recibía la información la veía también en mi trabajo. Era como, wow, ya lo estaba redescubriendo — todo el trabajo de la escucha activa, de saber los espacios, de identificar en qué momento está la persona.
Y algo que Freddy aprendió con especial profundidad: no todas las personas están listas en el mismo momento. Y el trabajo del coach espiritual no es empujar — es crear el espacio para que la persona llegue cuando esté lista.
Me he dado cuenta de que muchas personas no están listas en ese momento para dar un paso. Y wow, también dar espacios y decir: okay, aquí estamos, te veo, estoy aquí. Todo lo que necesitas. Y ser muy paciente, sin forzar nada.
Cómo la historia personal se convierte en el fundamento del emprendimiento espiritual
La segunda etapa de la Certificación llevó a Freddy a mirar su propia historia — no desde el dolor, sino desde la sabiduría que ese camino le dejó. Y ahí encontró el material más valioso de todo.
Mi propuesta de emprendimiento se desarrolló gracias a todo lo que viví en estos años. Ahí estaba todo el material — las sensaciones, las emociones, lo que pasé, cómo se sentía, esa necesidad de salir adelante. El programa me ayudó a organizar, estructurar e identificar todo eso. Hay tantas joyas ahí que me sorprendió un montón.
Para Freddy el proceso no fue construir algo desde cero. Fue reconocer lo que ya tenía — y darle forma para poder entregarlo a otros con claridad y con propósito.
¿Qué significa ser coach espiritual? La definición más poderosa de este camino
Cuando le preguntaron a Freddy qué significa ser coach espiritual, su respuesta fue una de las más profundas y memorables de toda la conversación:
Ser coach espiritual es ser un anclaje de un mensaje divino, sin alimentar el ego. Mantenerse al servicio, anclado en la tierra — un ser humano que está manifestando compasión, amor, dirección, claridad. Siempre abierto a guías en todo momento y en todo lugar. Me ha pasado que estoy en un restaurante hablando con un mesero y son unas palabras que le hacen un cambio a la vida a esa persona en ese momento. Es un llamado a estar siempre abierto al mensaje divino y a ser un embajador de ello.
No en los retiros. No solo en las sesiones. En cada momento del día. En cada conversación. En cada encuentro.
¿Vale la pena la certificación como coach espiritual? Lo que dice Freddy
Para quien está pensando en hacer la Certificación y todavía lo está sopesando, Freddy tiene un mensaje muy claro:
Que deje de pensar tanto y lo haga. Nosotros tenemos todas las respuestas ya. Primero, todo aparece en el momento adecuado — tal como me pasó a mí con el programa. Y cuando llega esa información, algo en ti siempre te va a decir si es o no es.
Y sobre lo que hay que tener en cuenta antes de entrar:
Es necesario sacar este tiempo. Por más ocupado que uno esté, es necesario hacerlo porque es un enriquecimiento personal, primero que nada. Y las resistencias que tenemos para entrar en la información muchas veces vienen de esas partes que necesitan ser revisadas y disueltas. Con mucha valentía, con mucho amor, entremos en ello.
¿Sientes el llamado de certificarte como coach espiritual?
La historia de Freddy habla directamente a quienes ya tienen un camino espiritual recorrido — ya sea como terapeutas, facilitadores, profesores de yoga o simplemente como personas que llevan años profundizando en su práctica — y buscan una formación que integre todo eso y les dé las bases para acompañar a otros de manera profesional y consciente.
Si algo de lo que leíste resonó contigo, si sientes ese llamado de ser un embajador de lo divino en lo cotidiano, quizás este es tu momento.
La Certificación como Coach Espiritual es un programa online de 16 módulos intensivos, 100% en autoestudio, donde primero atraviesas tu propia transformación interior y luego aprendes las bases para acompañar a otros desde la presencia, la conciencia y el alma.




